En un pequeño pueblo italiano nada está hecho para la prisa. La panadería cierra a la una, el barco sale cuando sale y el bar de la plaza espera que te sientes, no que te lleves el café.
Varenna, en el Lago de Como, es el lugar perfecto para aprenderlo. Callejones demasiado empinados para los coches, ropa tendida entre balcones, un paseo junto al lago que terminas en diez minutos o en una tarde entera. Casi todos le dan una hora. Dadle dos días.
“Quedaos hasta que el camarero sepa lo que vais a pedir.”
Viajar despacio no es hacer menos. Es quedarse lo suficiente para que un lugar te reconozca: la segunda mañana, el camarero ya sabe lo que vas a pedir.

